¿Qué debo saber sobre los procedimientos de separación o divorcio?

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En primer lugar, deberemos saber qué diferencia existe en una separación legal y un divorcio.

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La separación implica que el negocio jurídico del matrimonio subsiste, solo que ha quedado suspendido. Esto significa que todavía se está casado, por lo tanto, la inmediata consecuencia de ello es que no puede casarse con otra persona si se está, únicamente, separado legalmente.

El divorcio, por el contrario, lo que hace es disolver el matrimonio, es decir, desde el momento que se ha dictado la sentencia de divorcio ya no existe el matrimonio y por lo tanto, puede uno volverse a casar, si es esa la voluntad.

En cuanto a separarse o divorciarse existen dos maneras de hacerse, a las “buenas” o a las “malas”, para ser un poco gráficos. En este sentido, cabe decir que, nadie puede estar obligado a estar casado con alguien cuando no quiere que sea así, por lo tanto, lo primero que hay que decir es que si alguien pide separarse o divorciarse, la que es en ese momento el cónyuge no puede negarse. Con esto quedan totalmente desmentidas aquellas frases que llenaron las historias cinematográficas en las que se oía continuamente “no te voy a dar el divorcio”…

También hay que decir que no existen causas de divorcio o separación, no hay culpables, ni adúlteros, no se entra a valorar las causas que dieron lugar a la ruptura, se pretende regular las consecuencias de tal ruptura.

Estas consecuencias pueden darse a nivel patrimonial-económico y cuando existen hijos comunes, las relaciones de los progenitores con sus hijos. Puesto que, es lógico que cualquier ruptura sentimental, comporte la ruptura de un proyecto común, teniendo consecuencias patrimoniales y de regulación de la nueva vida respecto con los hijos comunes.

Retomando la separación o divorcio a las “buenas, estaríamos hablando de un procedimiento de mutuo acuerdo que, comportaría la firma de un convenio regulador, donde se determinarían por voluntad de ambos cónyuges en cuanto qué es lo que pasa con el piso que tienen a medias, el coche, la segunda residencia, las deudas, así como, lo más importante, en el caso de haber hijos, con quién se quedan a vivir, qué régimen de visitas tendrá el progenitor que no conviva con ellos, en caso de no ser una guarda y custodia compartida, qué pensión de alimentos deberá fijarse para el sustento de los hijos menores, en el caso de existir un desequilibrio económico a razón de la ruptura, se fijaría una pensión compensatoria …

En este caso se redactaría un documento recogiendo tales pactos (convenio regulador) y se acompañaría junto con una demanda judicial, que se presentaría en el Juzgado. En caso de existir hijos menores, el Juzgado daría copia al Ministerio Fiscal, quien se encarga de supervisar si los pactos alcanzados no perjudiquen a los menores. Obtenida la conformidad del Ministerio Fiscal, el Juez se limitaría a dictar una sentencia recogiendo los pactos alcanzados por los cónyuges, declarando la separación o el divorcio según proceda.

Si es imposible alcanzar un acuerdo, entonces el procedimiento será contencioso, lo que comporta que cada una de las partes planteará sus peticiones ante el Juez, se celebrará un juicio y será el Juez quien resolverá mediante sentencia las diferencias entre los cónyuges. También intervendrá el Ministerio Fiscal, quien deberá defender los intereses de los menores, por tanto, se posicionará con aquél progenitor con quien queden mejor protegidos los menores.

En muchas ocasiones los procedimientos comienzan sin acuerdo, sin embargo, a lo largo del procedimiento se alcanzan pactos que evitan que sea un tercero (el Juez) que dictamine la manera de repartirse los bienes o cómo y con quién deben convivir los hijos menores comunes.

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Hay otras veces que, el acuerdo no es posible, y es el Juez quien debe resolver la situación teniendo en cuenta los derechos que amparan a cada una de las partes.

Publicado en Jurídicos.